Lo que vale entregarla redonda (fuente 11wsports.com)
La sociedad de Mercier y Ortigoza, con un alto porcentaje de pases bien dados, estuvo entre lo más destacado de la segunda fecha y puso de relieve cuánto importa pasar bien la pelota.
Que no es la única manera de ganar, está claro. Que hay otras
formas de imponerse sobre el rival, se sabe. Que cada cual tiene el derecho a planificar el modelo de juego a su antojo, es algo que no entra en la discusión de estas líneas. De lo que se intenta hablar es de otra cosa, de una cosa que combina –casi en partes iguales- a lo efectivo y a lo estético, los dos grandes objetivos que, para tanta gente, tiene el fútbol de alta competencia. Una frase de barrio, una verdad de Perogrullo, un axioma que maneja cualquiera al que el corazón le latió corriendo por un potrero: entregarla redonda puede ser, suele ser, el principio de la producción de sonrisas.
No solamente en una canchita cualquiera de una calle cualquiera importa que un jugador le dé la pelota al pie a un compañero. No solamente. También en Primera, también en el contexto de esa lógica exitista que busca convencer de que lo vale es “ganar como sea”, resulta fundamental y determinante, tanto para el resultado como para la belleza del espectáculo, contar con futbolistas que manejen la obvia capacidad de tener un alto porcentaje de pases bien dado. San Lorenzo, el único de los 17 equipos que disputaron las dos fechas que pudo ganar sus dos encuentros, tuvo en el clásico ante Racing una sociedad vital para superar a su adversario en el desarrollo: Juan Mercier y Néstor Ortigoza, los dos volantes centrales, se cansaron de tocar y de tocar y, así, le dieron fluidez y claridad a la circulación necesaria para abrir espacios.
Datos que argumentan esa sensación obvia que, casi con seguridad, tuvieron todos los que miraron el duelo de la segunda fecha. Mercier, con 64 pases correctos y 10 incorrectos, acabó con el 86 por ciento de efectividad en ese aspecto importantísimo para hacer las cosas bien en este deporte. Ortigoza, que volvió a ser titular luego de mucho tiempo, dio 66 pases bien y apenas 6 mal, y finalizó con un 92 por ciento de certezas en esa dimensión. No siempre los números permiten comprender las idas y las vueltas del fútbol pero, en este caso, sí son una muestra gráfica para evaluar el desempeño de los encargados de iniciar las maniobras ofensivas. Sin estos niveles de acierto en la dupla de medios, para San Lorenzo, que apuesta a ser mejor que el adversario desde el control de la pelota, hubiera bordeado lo imposible tener una actuación como la que tuvo.
Un detalle más de esta pequeña sociedad que brilló en Argentinos Juniors en 2010 y que ahora se encontró nuevamente en Boedo: sumadas las estadísticas de los dos, dieron solamente 33 pases menos que los once jugadores de Racing, que terminaron en 163 toques precisos durante los 90 minutos. En ese aspecto, que puede o no ser clave para explicar un resultado, no hubo ningún tipo de equivalencias entre dos conjuntos que mantienen la aspiración de pelear por el título. Más allá de que existan diversas ideas de juego y que, legítimamente, no todas persigan los mismos objetivos, pareciera ser, por lo visto en el encuentro más atractivo de la jornada, mucho más sencillo poder desarrollar la propuesta que sea cuando hay hombres que disponen de ese recurso que se enseña desde siempre y que tantos no aprenden nunca: pasar en el momento justo y al lugar exacto.
Mercier y Ortigoza, Ortigoza y Mercier, operaron como fundamento indispensable de este San Lorenzo que llamó la atención por conseguir en el inicio del certamen, aunque más no sea en la cantidad de puntos, un primer indicio de regularidad. Si la meta es ganar, si la meta es jugar bien o si la meta es, como demostró en los últimos seis meses el Newell’s de Gerardo Martino, ganar y jugar bien, entregarla redonda es un factor que no debería dejarse de lado. Más bien, todo lo contrario: el pase, vértice de todo andamiaje sólido y cautivante, debería estar ocupando el centro de la escena.