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La gran «pluma» del prestigioso y admirado Ezequiel Fernández Moores, escribió otra de sus columnas para coleccionar. En esta oportunidad para el diario tucumano La Gaceta. La compartimos con los lectores de golesdemedianoche.com
«En el fútbol sufrí mi primera gran decepción cuando Federico Vairo, mi descubridor y consejero, me envió una carta documento reclamándome dinero de una trasferencia. La pasé como el demonio en Parma, donde me mandaron a robar a mi propia casa. Y en el

Brescia, el día que la barra brava nos apretó impunemente delante de los dirigentes. Mordí una toalla y ahogué el grito cuando, minutos antes de mi primer partido en un Mundial, el médico me metió unos pinchazos en el abdomen para anestesiarme la pubalgia. Me deprimí al dejar el fútbol y también tuve serios problemas con el alcohol: dos veces me descompuse, hubo que llamar a la ambulancia y pensé que me moría».

Así comienza Matías Almeyda el prólogo de la muy buena biografía «Almeyda. Alma y Vida», escrita meses atrás por el periodista Diego Borinsky. Almeyda, que cuenta que de niño llegó a levantar chicles masticados del piso porque sus padres no podían comprarle golosinas, sabe como nadie que la vida no es un lecho de rosas. Y, más aún, sabe cómo son las leyes de la jungla que gobiernan al fútbol. El fue testigo y protagonista directo de la salida de otros dos «héroes» iniciales de la vuelta de River a Primera, Fernando Cavenaghi y Alejandro «Chori» Domínguez. Ambos ya eran pasado cuando se celebró el retorno. Y David Trezeguet, el «héroe» final, parece pasado en estos días, acaso el próximo a seguirle los pasos a Almeyda, que fue cesado a sólo dos fechas del final de su primer campeonato como DT de Primera. ¿Seguirá en la fila, después de las próximas elecciones, el propio Daniel Passarella, el presidente cada vez más cuestionado y que debió aplazar para este martes una Asamblea de Representantes que, según todas las crónicas, fue suspendida con escándalo el viernes pasado?

«¡Queremos a Ramón, pero no a la Comisión!», cantaban muchos furiosos, acusando que fueron engañados con informes cambiados, antes de una Asamblea que deberá aprobar un pasivo que creció de 233 a 298 millones de pesos y un superávit en 2012 de 17 millones de pesos, aunque, entre otras curiosidades, incluye un ingreso futuro de 34 millones de pesos por la hipotética venta de Rogelio Funes Mori. Sus críticos dicen que Passarella, pese a sus resistencias iniciales, terminó con Almeyda y buscó a Ramón Díaz en claro manotazo de ahogado, consciente de que su imagen llegó a un punto de fuertísimo deterioro.

«Si yo era Passarella, me habría llamado mucho antes». Es cierto, Ramón Díaz podría haber hablado mejor y decir algo así como «Si yo fuera o hubiera sido Passarella me hubiera o habría llamado mucho antes». Como sea, lejos de amilanarse por sus últimos fiascos en San Lorenzo, Independiente y el mexicano América, Ramón Díaz volvió a River tan seguro de sí mismo como siempre. Y remató ante otra pregunta que buscó respuesta provocativa: «Por supuesto que conmigo River no se hubiera ido al descenso». Después de eso, sus elogios a Passarella y al Pelado Almeyda parecieron puro formalismo. El Pelado Díaz no cambió nada: «Lo que no cambiará -dijo en otro momento de la presentación- es que soy el entrenador más grande de la historia de River». Como se burló un hincha por la web: «Qué sería de yo sin mí».

No hay derecho a la sorpresa. Ramón Díaz fue siempre así y, además es cierto, ganó como pocos en River. Muchos hinchas que admiten la honestidad de Almeyda y su fidelidad a River dicen por la web que ya no soportaban más al equipo errático de Almeyda y, mucho menos, las caras angustiadas del DT en pleno partido. ¡Qué mejor que un DT de pasado exitoso y que nos haga ilusionar prometiéndonos que volverán los viejos buenos tiempos, aunque los jugadores sean otros! El Pelado Díaz hace recordar al River grande, no al que se fue a la B y que, si él hubiese estado, «no se hubiera ido al descenso», según garantizó en la conferencia de presentación.

Si hubiese sido otro el DT que confundió a Jonathan Bottinelli como «Bottonelli», como le sucedió a Ramón el viernes, las críticas hubiesen sido impiadosas. Pero fue Ramón, el hombre que ganó como nadie en River, es cierto, aunque en los primeros tiempos Enzo Francescoli confesó una vez al diario Olé que el equipo lo armaba él junto con los jugadores más experimentados del plantel. El discurso canchero y ganador, se sabe, sirve para ilusionar hinchas y vender ejemplares al menos en los primeros tiempos. Pero luego hay que jugar. Lo está sufriendo el Tolo Gallego en Independiente. El viernes, Ramón apuntó también contra José María Aguilar porque el dirigente lo despidió apenas asumió como presidente de River pese que él era una DT campeón. Aguilar, se sabe, contrató en su lugar al ingeniero Manuel Pellegrini. El chileno, que no terminó bien en River, hoy es un DT cotizadísimo en Europa, ex de Villarreal y Real Madrid y actualmente de campaña formidable en Málaga.

Pero claro, como Almeyda -aún cada uno a su estilo- Pellegrini nunca fue un técnico canchero y su discurso jamás garantizó resultados pasados («conmigo no descendían») ni futuros. «River -dijo Ramón Díaz el viernes por la noche- tiene que cambiar rápidamente la mentalidad para ser el equipo ganador que todos queremos. No se trata de una revancha, es un desafío. Los tiempos cambiaron, pero no el club, que sigue siendo el más grande». Ahora habrá que empezar a demostrarlo dentro de la cancha.

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