Estoy ahí
Ya sé que no pero yo estoy ahí
Sí el tipo de la radio me lo cuenta
Remonto en cada gol una cometa
Ya sé que no pero yo estoy ahí

Tabarè Cardozo

El Gordo Osvaldo Soriano nunca ocultó su amor por
el fútbol y muy a pesar de la absurda critica de los intelectuales, resaltó como pocos los pormenores de esta pasión popular. En cada crónica supo rescatar el costado humano de los protagonistas. Sus historias escarbaron debajo de la piel, su prosa describió magistralmente lo que ocurría en los arrabales de un partido de futbol. «Yo tengo muy marcados los momentos, las voces de Fioravanti y de Aróstegui. Muy marcado eso: la infancia en onda corta. No conocía a los jugadores. Se creaba una especie de ficción”.
El Gordo sabía, además, que el fútbol, materia indispensable para la muchachada, se aprendía escuchando radio.
Yo también tengo muy marcado los momentos, las voces de Víctor Hugo, de Néstor Ibarra, de Juan José Lujambio, de Alejandro Apo. Muy marcado eso; la infancia en onda corta, una ficción no comprobable a la distancia.
Mi niñez atesora las voces de «Sport 80», voces que me acompañaron de manera incondicional, voces que sin proponérselo forjaron mi vocación profesional.
Porque yo soñaba en mi pueblo con ser relator de fútbol, yo quise, como tantos ser Víctor Hugo, aunque también me imaginaba ser como Héctor Larrea, como el Negro Dolina. Soñaba leer como Daniel Rosas, como Faustino García, como Alejandro Apo.
La radio era mi mundo y en él los paisajes eran más bonitos. Escribió alguna vez Sam Shepard: «Un guitarrista creía en un lejano país de la radio. Creía que jamás encontraría ese país, de modo que se conformaba con limitarse a escucharlo. Creía que había sido expulsado del país de la radio y estaba condenado a rondar eternamente por las ondas, buscando una emisora que le devolviera la herencia perdida.»
Víctor Hugo Morales me devolvió la herencia perdida, fundó mi país de la radio y con él no sólo me conformé con escuchar, además aprendí a valorar el sentido educativo del medio. Víctor Hugo estableció nuevas pautas estéticas, marcó un rumbo diferente, mostró con buenos ejemplos «que ser periodista es menos que nada si la profesión no sirve para elevar el nivel cultural de las personas, que ser periodista es menos que nada si la profesión no despierta perseverantes desafíos intelectuales.»
Meto la mano en la cajita de los recuerdos y pasó otra vez por el corazón de aquel botija que viajaba de Cardona hacía la campiña. Viajaba en un camioncito encima de unos colchones. Su abuelo materno, el lechero, lo esperaba en la puerta del rancho.
Quienes lo conocían pronosticaban que ese pibe sería un tipo derecho y respetable como su padre y que tendría la fuerza de su madre para escaparle a la chatura pueblerina y a la pobreza. Un viejo profesor de historia, don Ernesto Díaz Tarella, en tanto, lo vestía de prócer y le transmitía las virtudes de un buen humanista de izquierda.
Tiempo después aquel botija viajó a Buenos Aires y el 11 de setiembre de 1966 transmitió en un grabador el partido de reserva de Boca y Argentinos Juniors. Por la noche Héctor Ricardo García escuchó la cinta y fue categórico en la sentencia: » ¿Sabés una cosa, pibe?, vas a ser el mejor relator de mi país.» Cincuenta años después los hechos le dieron la razón al intuitivo García.
En la actualidad, algunos individuos, cual posesos aleccionados por el odio que otros alientan a favor de los que más tienen, lo denigran y ensayan una y otra vez, casi hasta el hartazgo un latiguillo hiriente e injusto: “ese relator, ese periodista deportivo, ese uruguayo”.

Muchos de los que intentan de esta manera descalificarlo no han transitado ni un cinco por ciento del frondoso camino intelectual de Víctor Hugo, en algunos casos, ni siquiera han leído un libro que los acerque al debate periodístico. Víctor Hugo, mal que le pese a muchos, levantó las banderas del mismísimo Dante Panzeri, quien sostenía a capa y espada que el periodismo, es el cumplimiento de la obligación de enseñar a pensar a la gente. Ni más, ni menos

Víctor Hugo Morales, fue, es y será el mago invisible que media entre esas criaturas que están en la cancha y los otros que a la distancia sólo pueden imaginar.

Víctor Hugo Morales fue, desde la ficción de la radio, mi primer y gran maestro, un hombre sabio que se traspapeló en mi historia personal y luego, en buena hora el tipo de la radio que se comprometió a corazón abierto en la historia de mi amada argentina. A pura coherencia ideológica transitó su pasión periodística. Sin ofender, sin agredir, sin mentir, enfrentando cara a cara a los dueños de las corporaciones mediáticas, desbaratando desde su micrófono cuanta mentira ganaba las tapas de los diarios.
Por eso querido Víctor Hugo, quiero que sepas que quienes te admiramos, estamos ahí, a tu lado, esperando algún milagro inesperado, y entonces si querido Víctor Hugo, la vieja radio volverá a gritar el gol furioso del final.
Estoy ahí, ya sé que no, pero yo y miles estamos ahí, apretujándote el alma, estrechándote un abrazo maradoniano que pueda redimir tu pena, acercándote la voz del Polaco para que pueda acompañar tu corazón transido, tal vez hoy con tristeza de tapera. Estamos ahí, ya sé que no, pero quienes te queremos estamos ahí, a tu lado, porque un simple tipo de la radio te lo cuenta…

Mario Giannotti

En la revista Caras y Caretas de Uruguay, Vicotr Hugo, con su claridad meridiana, le explica un poco a los que se permitan que le confundan las cosas con «eufemismos», al siguiente reflexión:

buenos periodistas, ob- jetivos y serios, por un lado (que son los que trabajan y repiten apoyando las “verdades” de los medios de la derecha), y periodis- tas militantes por el otro, que son precisamente aquellos que no so?lo no repiten el discurso del merca- do, sino que lo combaten. Los se- rios y objetivos son los que apoyan con su trabajo la cri?tica despia- dada a los gobiernos progresistas en todo el mundo, son los que viven admirando las poli?ticas de los pai?ses centrales, son los que propalan las verdades de la patria nanciera y los que critican con san?a cualquier demostracio?n de soberani?a.

Los malos periodistas, los que no son objetivos, son aquellos que respaldan las poli?ticas populares, los que reivindican el papel del Estado, los que no creen en las bondades inherentes al mercado y denuncian su injerencia favorable a la multiplicacio?n de la riqueza para unos pocos. En esa lo?gica falsa, vos y todos los periodistas despedidos en este u?ltimo mes son fana?ticos, y los que editorializan a favor de Clari?n o La Nacio?n son serios. Au?n se esperan los comu- nicados de la SIP a favor de los despedidos, pero esta?n tardando ma?s de la cuenta.

La pluma que todo lo embellece del profesor de educación física y periodista del programa de radio Brisas, La Voz del Estadio, Mario Gianotti, ya ha marcado con énfasis, sutileza y mucho talento, las enseñanzas que ha dejado en los cuarentones y cincuentones que mamamos la radio desde muy jiovencitos.

Ahora quiero agregar, para tantos colegas que no comprendieron el mensaje del despido de Victor Hugo, y se quedaron con la mezquina mirada del  » y cuando a mi me echaron de tal medio, qué ? alguien hizo una marcha ?»  Las respuestas pueder ser varias : A) No tenemos la respuesta popular en cantidad que Victor Hugo. B) Victor Hugo les dió micrófono a todos y cada uno de los trabajadores despedidos, de medio chico o medio grande . sin ir más lejos, a colegas de El Atlántico, quien suscribe, los puso al aire, con él, desde Mar del Plata, y los que no salieron alli, es porque nunca intentaron contactarse.  Y otras tantas más,

Lo que no comprendieron – acaso porque el periodismo que ejercer es el de leer LITERALMENTEY NO, ENTRE LÍNEAS, SIN PRACTICAR EL EJERCICIO QUE VICTOR HUGO NOS LEGÓ  :   «PENSAR»,  el de  » interpretar»,  cuando una noticia se produce, y no «repetir» como loros lo que otros publican.

Colegas:  el despido de Victor Hugo es EL MENSAJE DE LAS GRANDES CORPORACIONES QUE NOS PRETENDEN ALECCIONAR: «Muchachos, si nos metimos con un «groso» del periodismo rioplatense como Victor Hugo  guay con intentar ninguna crítica al actual modelo, porque uds son una hojita en el viento, y ya echamos al más grande».   Les pido, con humidlad, que no se queden en la «chiquita» de: Y por qué por VH una Marcha o un reclamos y por «Mi», NO ?

Los gobernantes actuales, súbditos de las Corporaciones, o parte de ellas, entienden tan poco de política, que en vez de «dejar»  a Victor Hugo con 4 horas diarias, en un espacios que ellos mismos dicen «no mide nada en ráting», hubiese sido ignorarlo, y así, con esta medida prepotente, LO ESTÁN CONVIRTIENDO EN UN MÁRTIR DE LA PROFESIÓN, y asi, tiene aire en RADIO DEL PLATA ( el lunes harpa otro especial con Darío Villarruel, de 14 .00 a 16.00 y hoy, sábado, estará nada menos que en LA RED, en el programa de Eduardo Aliverti, que le cederá su espacio para que Victor Hugo haga el «Programa» que le levantaron del aire en Continental.

jorge jaskilioff